Consentimiento informado en terapia en línea: qué debe decir y cómo guardarlo

El consentimiento informado presencial tiene una coreografía conocida: dos hojas, una explicación de diez minutos, dos firmas, una copia para cada quien. Funciona porque todo el mundo sabe qué está pasando.
En línea esa coreografía se cae. No hay hojas, no hay bolígrafo, y la "firma" acaba siendo una foto de un papel firmado en otra casa, mandada por WhatsApp, guardada en una carpeta de descargas. El documento existe. Lo que no existe es la prueba de qué leyó esa persona y cuándo.
Esta guía trata de las dos cosas: qué tiene que decir un consentimiento de terapia en línea, y cómo guardarlo para que siga sirviendo dentro de tres años.
Primero, para qué sirve de verdad
Conviene quitarse una idea: el consentimiento informado no es un escudo legal. Un documento firmado no te protege de una mala praxis, y no hay redacción que convierta un error clínico en algo consentido.
Para lo que sirve es para otras tres cosas, y son suficientes:
- Encuadra. Pone por escrito lo que de otro modo se negocia a mitad del proceso, cuando ya hay vínculo y cuesta más.
- Protege al paciente. Le dice qué va a pasar con su información antes de que la entregue.
- Documenta. Deja constancia de que hubo una conversación, y de cuándo.
Lo tercero es lo que se pierde cuando el documento vive en una foto.
Lo que un consentimiento de terapia debe decir siempre
Antes de lo específico de la modalidad en línea, la base. La NOM-004 pide, para las cartas de consentimiento bajo información, elementos que se trasladan bien a un encuadre terapéutico:
- Quién eres. Nombre completo, cédula profesional, domicilio del consultorio o razón social.
- Quién es el paciente. Nombre, edad, y en su caso quién ejerce la representación legal.
- Qué se autoriza. "Tratamiento psicológico", con el enfoque y el encuadre.
- Riesgos y beneficios esperados. Sí, la psicoterapia tiene efectos adversos posibles: malestar transitorio al tratar material difícil, cambios en relaciones cercanas, remoción de síntomas que cumplían una función. Decirlo es parte de informar.
- Alternativas. Que existen otros enfoques y otros profesionales.
- Que se puede revocar en cualquier momento, sin penalización.
- Fecha, ciudad y firmas.
A eso, en la práctica privada mexicana, se le suman siempre dos bloques que la norma no pide y que evitan la mitad de los conflictos: honorarios y política de cancelación, y límites de la confidencialidad.
Los límites de la confidencialidad merecen redacción propia y honesta. Riesgo grave e inminente para la vida propia o de terceros, sospecha de maltrato a menores o personas vulnerables, y requerimiento de autoridad judicial. Escribir "todo es absolutamente confidencial" es cómodo y es falso, y el día que tengas que romperlo habrás prometido algo que no podías cumplir.
Lo que cambia cuando la sesión es por videollamada
Aquí es donde un consentimiento copiado de un formato presencial se queda corto. Seis bloques que hay que añadir:
1. La plataforma, con nombre
Por dónde se hace la sesión, quién es el proveedor, y qué pasa con lo que ahí ocurre. Si usas una herramienta que no está diseñada para uso clínico, el paciente tiene derecho a saberlo. Sobre esto hay una nota aparte: Por qué el WhatsApp no es una herramienta clínica.
2. Qué pasa si se cae la conexión
Un protocolo de dos líneas: quién llama a quién, por qué vía, y cuánto se espera antes de dar la sesión por terminada. Parece menor hasta que se cae en mitad de algo importante.
3. Dónde está el paciente, y a quién se llama en una urgencia
Este es el bloque que más se olvida y el que más importa. En presencial sabes dónde está tu paciente. En línea puede estar en otra ciudad, en otro estado o en otro país, y eso cambia quién puede intervenir si hay riesgo.
El consentimiento debe recoger su ubicación habitual durante las sesiones, un contacto de emergencia con teléfono, y los servicios de emergencia locales que aplican. Y debe decir en qué circunstancias los usarías.
Si el paciente reside fuera de México, además puede cambiar la ley aplicable y el alcance de tu cédula. Eso no se resuelve con un párrafo: se consulta antes de aceptar el caso.
4. Grabación: sí o no, y por separado
Si grabas —sesiones, audio, transcripciones automáticas— tiene que estar autorizado expresamente y aparte. Una grabación de una sesión de psicoterapia es dato personal sensible en el sentido de la LFPDPPP. El consentimiento tiene que decir qué se graba, dónde se guarda, cuánto tiempo y quién puede acceder.
Y tiene que poder revocarse con la misma facilidad con que se dio. Si para aceptar basta un clic y para revocar hay que mandar un correo certificado, no es revocable de verdad.
5. Menores de edad
Quien firma es quien ejerce la patria potestad o la tutela, pero el consentimiento debe prever qué se comparte con los padres y qué no, y cómo se le explica eso al menor. En terapia en línea añade una pregunta práctica: quién garantiza que el espacio sea privado durante la sesión.
6. Qué herramientas más usa el tratamiento
Si el paciente va a registrar su estado entre sesiones, o va a escribir un diario que tú puedes leer, eso es parte del tratamiento y va en el consentimiento: qué registra, qué ves tú, desde cuándo y qué pasa si deja de compartirlo.
Cómo guardarlo para que valga dentro de tres años
Aquí es donde casi todo el mundo falla, y no por descuido: por no haberlo pensado.
La pregunta que tienes que poder contestar dentro de tres años es exactamente ésta: ¿qué texto aceptó esta persona, cuándo, y cómo lo sé?
Por qué la foto del papel firmado no basta
Una foto prueba que alguien firmó algo. No prueba qué decía ese algo si tú has cambiado el documento desde entonces —y lo vas a cambiar: subes precios, cambias la política de cancelación, añades una herramienta—. Sin versionar, dentro de tres años tienes una firma y una duda.
Los tres datos que convierten una aceptación en evidencia
- El tipo de documento. Cuál de tus textos se aceptó.
- La versión exacta. Un identificador que no cambia, normalmente la fecha de la redacción:
2026-09-02. Y el texto de esa versión, archivado tal cual. - Cuándo se aceptó, con fecha y hora.
Con esos tres, la pregunta se contesta mirando. Sin ellos, se contesta recordando, que es lo mismo que no contestarla.
Añadir IP y navegador al registro es una práctica razonable: no identifican a nadie por sí solos, y ayudan a sostener que la aceptación vino de donde dice. Guardar más que eso empieza a ser vigilancia y no prueba.
Y el texto viejo se archiva, no se sustituye
La consecuencia incómoda de versionar es que no puedes borrar la versión anterior: es la que aceptó la mitad de tus pacientes. Un archivo por versión, con su fecha en el nombre, y ninguno se toca después de publicado.
Cómo está resuelto en Menteo, y hasta dónde llega
Menteo registra la aceptación de sus propios documentos legales —aviso de privacidad, términos, consentimiento de la plataforma— con cuatro datos: tipo de documento, versión, fecha de aceptación, y la IP y el navegador desde los que se aceptó. La versión vigente de cada documento está declarada en el código, así que comparar lo que aceptó una persona con lo que rige hoy es una consulta, no una arqueología.
Eso cubre la relación entre el paciente y la plataforma. No cubre la tuya con tu paciente.
Tu consentimiento terapéutico —el que habla de tus honorarios, tu encuadre y tus límites de confidencialidad— es un documento tuyo. En Menteo lo subes al expediente como documento clínico, con su fecha, y ahí queda guardado en almacenamiento privado junto al resto. Lo que la plataforma aporta es que no viva en una carpeta de descargas y que se pueda recuperar dentro de cinco años; la redacción, la conversación y la firma siguen siendo tuyas.
Si quieres ver cómo se organiza el expediente, está en la página para psicólogos, y los límites de cada plan en precios.
Un formato mínimo, para empezar hoy
Si no tienes nada, esto es lo que pondría en una hoja:
- Identificación tuya, con cédula, y del paciente.
- En qué consiste el tratamiento, con qué enfoque y con qué frecuencia.
- Riesgos, beneficios y alternativas.
- Honorarios, forma de pago y política de cancelación.
- Límites de la confidencialidad, los tres, escritos.
- Modalidad en línea: plataforma, caída de conexión, ubicación del paciente, contacto de emergencia.
- Grabación: sí o no, con su propia casilla.
- Derecho a revocar, y cómo.
- Tratamiento de datos: quién los guarda, dónde, cuánto tiempo, y cómo ejercer derechos ARCO.
- Fecha, ciudad, firmas, y la versión del documento.
El punto 10 es el que casi nadie pone y el único que vas a echar de menos.
Esto no es asesoría legal. Es un mapa de lo que hay que cubrir, hecho leyendo la norma y la ley de datos. Un formato concreto, revisado para tu práctica y tu estado, lo escribe alguien que ejerza el derecho.
Fuentes
- Norma Oficial Mexicana NOM-004-SSA3-2012, Del expediente clínico. DOF, 15 de octubre de 2012.
- Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares (LFPDPPP), 2010, y su Reglamento.
- Ley General de Salud, disposiciones sobre consentimiento informado.
Preguntas frecuentes
¿Vale un consentimiento aceptado con un clic?
Vale si puedes demostrar tres cosas: qué texto exacto se aceptó, cuándo, y quién lo aceptó. Un clic sin registro de la versión del documento no prueba nada, porque dentro de un año el texto habrá cambiado y no habrá forma de saber qué leyó esa persona. Guardar la versión es lo que convierte un clic en evidencia.
¿Necesito dos testigos como dice la NOM-004?
La norma pide dos testigos para las cartas de consentimiento bajo información que regula expresamente, que son las de procedimientos médicos con riesgo. Para el encuadre de una psicoterapia ambulatoria la práctica habitual no los incluye, y es una decisión que conviene dejar razonada por escrito. Si tu caso involucra un procedimiento con riesgo o un menor en conflicto familiar, consúltalo.
¿Puedo grabar las sesiones si el paciente acepta?
Puedes si el consentimiento lo dice expresamente, por separado del consentimiento general, y si puedes revocarlo con la misma facilidad con que se dio. Una grabación de sesión es dato personal sensible: si la guardas, entra al expediente y a tus medidas de seguridad, y el consentimiento tiene que decir dónde vive y cuánto dura.
¿Qué pasa si el paciente está en otro estado o en otro país?
Cambia quién puede intervenir en una urgencia y, si está fuera de México, puede cambiar la ley aplicable. Por eso el consentimiento de terapia en línea debe recoger la ubicación habitual del paciente y un contacto de emergencia local. No es burocracia: es lo que te permite actuar si un día no contesta.
¿Tengo que rehacer el consentimiento si cambio mi texto?
Si el cambio afecta a lo que la persona aceptó —precio, política de cancelación, uso de grabaciones, quién puede ver sus datos— sí. Si es una corrección de redacción, no. La forma de no discutirlo es versionar el documento y registrar qué versión aceptó cada quien: entonces la pregunta se contesta mirando, no recordando.
¿Menteo guarda el consentimiento por mí?
Menteo registra la aceptación de sus propios documentos legales con el tipo de documento, la versión, la fecha, la IP y el navegador. Eso cubre la relación entre el paciente y la plataforma. Tu consentimiento terapéutico —el tuyo con tu paciente— lo subes como documento clínico al expediente; ahí queda con su fecha, pero la redacción y la firma son cosa tuya.
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